9 de febrero de 2023

El Timón del Terraza. Cuando la cocina navega viento en popa.

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Los recuerdos que generamos en nuestra infancia se graban a fuego en nuestra memoria. Para mí, que he sido un niño de los años ochenta, la mayor parte de esos recuerdos se centran en el paisaje que rodeaba mi patio de juegos particular, la calle Camarena. 

Pero las calles de las ciudades están vivas. Evolucionan. Pasan los años y las fachadas de los edificios se renuevan, los negocios cambian de dueños o de actividad, el mobiliario urbano se moderniza y ya nada vuelve a ser lo mismo que recordamos. Afortunadamente hay lugares que son un oasis para nuestra memoria, impasibles al paso del tiempo y un refugio visual para los nostálgicos. Cuando vuelves a visitar esos lugares, sientes que vuelves a estar en casa. 

Aprovechando estos primeros días de frío que nos ofrece noviembre, dejamos atrás las soleadas terrazas y nos disponemos a entrar en el amplio y acogedor salón de El Timón del Terraza. Un auténtico clásico de nuestro barrio que abrió sus puertas allá por el año 1973. 

Procedimos a estudiar la carta, perfectamente accesible desde el código QR que colocan en las mesas y que da acceso a la página web del restaurante, desde donde, por cierto, hicimos la reserva sin necesidad de llamar por teléfono. 

Una vez tuvimos claro lo que queríamos degustar, nos tomaron nota de los entrantes. Cuando también pedimos el plato principal, el camarero, curtido en el negocio tras 35 años de servicio, nos advirtió que iba a ser mucha comida. Más que mucha, muchísima. Dos palabras resonaron en mi mente tras su recomendación: “Reto aceptado”

Comenzamos el ágape con uno de esos platos humildes y de toda la vida, que, por alguna razón, se ponen muy de moda y se encuentran prácticamente en cualquier sitio. Torreznos de Soria. Presentados en una cazuelita con un lecho de patatas fritas caseras, los torreznos estaban lejos de alcanzar el nivel de los sorianos. No estaban malos, ni mucho menos, pero daba la sensación de que no estaban recién hechos y habían pasado previamente por el microondas. 

Como auténtico fan de las croquetas, tuve que pedir las de rabo de toro al chocolate que nos ofrecían en la carta. Afortunadamente pude verlas pasar hacia otra mesa antes de que nos tomaran nota, pues son de una dimensión ridículamente grande y cada una de ellas equivale aproximadamente a tres de un tamaño normal. 

Extremadamente cremosas, muy delicadas e imposibles de manipular sin que se rompan. Quedó muy claro que su relleno era de guiso de rabo de toro, muy presente y sabroso, con un muy ligero toque de chocolate, casi imperceptible al gusto. 

Para continuar con el festival croquetil, nos decantamos por el croquetón de cigalas. La realidad es que no se trata de una croqueta tradicional, sino de la propia bechamel colocada en el centro de un plato y cubierta con la costra de pan rallado. Tan cremoso resulta el plato, que es obligatorio comerlo con cuchara. El sabor es realmente delicioso, pero no nos recuerda a cigala en ningún momento y sí a langostinos, que es lo que más presencia tiene en su relleno. Una pena que no le den más protagonismo a la rica salsa de pimientos del piquillo que adorna el plato bajo la ensalada de guarnición, pues combina muy bien con el croquetón. 

Seguimos con unas navajas frescas, de gran tamaño y perfectamente preparadas con un ligero toque de ajo, aceite y perejil. Muy limpias de tierra y tiernas, son un bocado altamente recomendable. Cuando el producto es bueno, no hace falta disfrazarlo de nada. Exquisitas.

Los berberechos a la plancha fueron los siguientes en llegar. Personalmente los habría preferido al vapor, pues de esta manera se resecan menos y conservan mejor los jugos, pero en la carta no existe esa opción. De un buen calibre y estupenda frescura, tampoco hay mucho más que añadir a un plato en el que el producto lo es todo.  

Para finalizar el apartado de los entrantes, probamos los chips de berenjena con miel de caña y salmorejo. La berenjena, finamente laminada, rebozada en pan rallado y muy bien frita, estaba perfecta en su crujiente. El salmorejo que acompañaba, era más parecido a un gazpacho en su textura, demasiado líquida como para «dipear” los chips.  

Llegados a este punto, pasamos al plato principal, un arroz con bogavante que apareció en una magnífica fuente de hierro fundido. Es en este punto donde entendimos la recomendación en cuanto al exceso de comida que nos hizo el camarero. Pedimos una ración para tres personas y de la fuente salieron diez platos colmados de arroz. 

El arroz con bogavante me suele gustar “meloso”, es decir, ni muy seco, ni muy caldoso. En este caso había demasiado líquido, aunque insisto en que es una cuestión de gusto personal. El caldo era realmente sabroso, con muchísimo sabor a mar y unos buenos trozos de bogavante que habían dejado toda su esencia en el arroz. La pena es que el punto de cocción se había pasado ligeramente, llegando a romper el grano y haciendo que el plato no llegase a estar de diez. Tres minutos menos de cocción y habría sacado en hombros al cocinero. 

Como final dulce para el festín, nos decidimos por una tarta de arroz con leche, muy lograda en su sabor, pero demasiado densa en su textura. El arroz con leche es un postre muy cremoso y yo esperaba que hubieran trasladado algo de esa cremosidad a la tarta, lo que me decepcionó un poquito. 

Atacamos también un brownie de chocolate, muy esponjoso, jugoso y con mucho sabor a cacao. Graciosamente adornado con unas fresas y barquillos y cubierto con la imprescindible bola de helado de vainilla, se echaron muy en falta las típicas nueces que suelen llevar estos bizcochos, dejando el resultado a un paso del sobresaliente. 

Una cuenta de 255,20 euros, a repartir entre mis seis compinches y yo, resulta muy ajustada en base a la cantidad de comida que pedimos y en la que se incluyen dos botellas de vino que siempre engordan la suma final. 

Está claro que el precio no es el de un restaurante para ir a comer todos los días, pero la calidad de sus platos, el buen hacer de todo el personal y lo agradable que resulta sentarse en su salón, hacen que sea un lugar perfecto para cualquier celebración o reunión especial con nuestra familia o amigos. Ojalá podamos seguir disfrutando de El Timón del Terraza durante muchas décadas más.

Tipo de comida: Española. 

Dónde: Calle Camarena, 254 Posterior 

Teléfono: 917181650 

Web: http://www.eltimondelterraza.com/ 

Precio medio: 30€ 

Terraza: Sí (temporada de verano)

Valoración: 7.5/10 

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