7 de octubre de 2022

Salsería El Paseo Happy’s. Patatas que te dejan triste.

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En mi vida he tenido dos pasiones, dos amores que han copado innumerables horas de ocio a lo largo de los años. La primera de ellas, como ya os podéis imaginar, es la gastronomía. La segunda, a la que tengo bastante abandonada por cuestiones de ritmo de vida, son los videojuegos.

Soy de esa generación extraña que pasó su infancia yendo a montar en bicicleta, jugar al fútbol o simplemente subirse a los columpios del Parque Aluche, pero que a su vez también vivió obsesionada con los “marcianitos”, que era como lo llamaban mis padres. Si en los años 90 hubiera existido el término “friki”, estoy seguro de que en el colegio yo habría sido uno de los más destacados, pues era habitual verme recorrer el barrio todas las tardes de la semana, caja de disquetes en el bolsillo, para intercambiar juegos de ordenador con mis amigos.

Una de las casas que visitaba frecuentemente para ese intercambio lúdico, era la de mi amigo Rubén, que unos años después estaría tras la barra de la salsería El Paseo, un negocio que abrió en torno a 1997 si la memoria no me falla. A Rubén y a mí la vida nos llevó por caminos separados y perdimos el contacto. Tanto es así, que no fue hasta el año pasado que me enteré de la triste noticia de que Rubén ya no estaba con nosotros. Fueron muchos los buenos momentos que pasamos juntos. Siempre estarás en mi recuerdo, amigo.

Esta vez nos hemos acercado a comer a lo que en su día fue El Paseo y que ahora, bajo una nueva gerencia, ha pasado a denominarse El Paseo Happy’s.

Tengo que reconocer que no llegué a pisar el interior del local, así que no sé cómo está en la actualidad. La verdad es que hubo un componente sentimental que me impidió entrar, lo que sumado a las altas temperaturas que estamos teniendo últimamente, hizo que me quedase todo el tiempo en la terraza, cubierta con un inmenso toldo que le aporta sombra en toda su extensión.

Como viene siendo habitual, pedí una cerveza que me sirvieron en una jarra congelada junto a un aperitivo de aceitunas y patatas fritas.

En esta ocasión me acompañaron tres compinches y dos mini compinches, así que revisamos la carta y después de un rato de indecisión, pedimos unos cuantos platos. También tenían un menú del día por 12 euros con tres o cuatro primeros platos y otros tantos segundos.

Consultamos si podíamos pedir platos del menú de forma separada, pues el tiempo hacía que nos apeteciera bastante el gazpacho que ofrecían. Nos dijeron categóricamente que no, por lo que nos quedamos con las ganas. La verdad, un comienzo poco prometedor en cuanto a la atención recibida.

Para las minicompinches pedimos unas “Palomitas” de pollo, que vienen a ser unos nuggets con un tamaño más reducido. La ración, eso sí, enorme y acompañada de una salsa tipo ranchera que nos sirvieron en una taza de café.

Para ellas pedimos también una ración de croquetas de “jamón ibérico”, nuevamente congeladas, de muy baja cremosidad y bastante sosas de sabor. Como guarnición, una montaña de patatas, también congeladas y con una fritura un tanto deficiente y tirando a aceitosa.

Para los cuatro adultos, pedimos medio plato alemán, un costillar a la barbacoa, una ensalada mediterránea y un cachopo. Preguntamos al camarero si la cantidad de comida que habíamos pedido era excesiva y le faltó encogerse de hombros hasta que nos contestó que estaba bien.

A los dos minutos de pedir, volvió con la carta en la mano para preguntarnos si el costillar que habíamos pedido era el normal o el de cuatro personas, que cuesta la friolera de 45.50 euros y también lleva salchichas y pollo. Tras aclarar que queríamos el plato sencillo, de 18.50 euros, se dio la vuelta y marchó el pedido.

La primera sorpresa llegó con el plato alemán, que nos sirvieron completo en lugar de medio, como habíamos pedido. Seis salchichas gigantes, tres de ellas tipo Frankfurt y las otras tres de tipo Bratwurst, sobre una cama de patatas fritas. Además, la ya clásica taza de café con salsa barbacoa en su interior.

Las salchichas en sí no estaban mal. Unas salchichas alemanas de una calidad decente y un porte extraordinario. Las patatas, más de lo mismo que ya habíamos probado.

Llegó la ensalada mediterránea a la mesa. Una ensalada como jamás había visto. Lechuga romana en la base, unos trozos del tomate más insípido que os podáis imaginar, un puñado de pasas y unos trocitos de queso brie, todo ello coronado con unas lonchas de jamón serrano, puestas ahí enteras y tapando todo. Encima, un cuenquito (al menos no era otra taza de café) con más salsa ranchera. Plato absolutamente prescindible.

Seguimos con el cachopo, que sorprendentemente rayó a muy buen nivel. Buen tamaño, buena fritura, una carne muy tierna y un sabor general bastante bueno. Eso sí, acompañado de las mismas patatas bastante mediocres que llevan casi todos los platos de la carta.

Para finalizar, el costillar a la barbacoa, con más patatas y más salsas servidas aparte. Ya en el momento de cortarlo notamos que algo no iba bien. Con una textura extraña, al llevarlo a la boca era como masticar una carne gomosa con un sabor, no sé si por la salsa o por la propia carne, bastante sospechoso. Una vez se enfrió, toda la capa de salsa que lo cubría se transformó en una gelatina que se podía retirar de una pieza para dejar la carne limpia. De los peores platos que me han servido desde que dio comienzo el blog.

Pedimos la cuenta, que hizo un total de 110,50 euros. Teniendo en cuenta que los platos que pedimos para las minicompinches se pagaron aparte, el resto hizo una media de 23 euros por persona, una relación calidad precio extremadamente elevada.

Esta es, hasta la fecha, la reseña más difícil que he tenido que escribir. Siempre intento ser positivo, hablar de los puntos de mejora que existen y ensalzar los puntos fuertes que me he encontrado. En el caso de El Paseo Happy’s, me cuesta muchísimo hablar de sus virtudes, que alguna tiene, como el cachopo que comimos, pero que se ven totalmente eclipsadas por la gran cantidad de aspectos mejorables que encontramos.

Es sorprendente que una salsería no cuide el ingrediente que acompaña a la mayoría de sus platos. Ya no pido una patata recién pelada, cortada y frita, pero si el producto que se va a utilizar es congelado, convendría al menos que fuera de calidad, así como prepararlo en un aceite con unos tiempos y temperatura adecuados.

Igualmente sorprende que en todos los platos que pedimos se repitieran constantemente dos tipos de salsa: barbacoa y ranchera. Un detalle tan simple como dar más variedad a las salsas que acompañan los platos, habría sido un punto a su favor.

Por otro lado, los precios a los que nos enfrentamos no son acordes a la calidad del producto. 18 euros por un costillar que es evidente que han sacado de un envase de precocinados, 19 euros por seis salchichas o 10 euros por unas croquetas precocinadas, no hacen que sea siquiera un lugar que justifique la visita por sus precios ajustados.

Para finalizar, la actuación del camarero que nos atendió, aunque muy amable, también fue francamente mejorable. No supo aconsejarnos en cuanto a la cantidad de comida que pedimos, que realmente fue excesiva. No le quedaron claros los platos que estábamos pidiendo. Por último, tampoco estaba pendiente de nuestra mesa para cubrir nuestras necesidades de bebidas, teniendo que estar llamándole cada poco tiempo, todo esto teniendo en cuenta que solo había dos mesas que atender.

En definitiva, estamos hablando de uno de los locales mejor situados y con más potencial de nuestro parque, pero por algún motivo parece desaprovechado. Afortunadamente para ellos y viendo lo que opinaron las minicompinches, al menos es un sitio que no defraudará a los más pequeños.

¿Tienen opciones sin gluten?

Solo los entrantes de la carta tienen marcados los alérgenos. El resto de platos, aunque incluyan pan o picatostes, no dicen nada.

¿Tienen opciones vegetarianas o veganas?

No. Incluso el sándwich vegetal lleva atún y huevo.

¿Es accesible el local para sillas de ruedas o carritos de bebé?

La terraza es muy grande y se podrán acomodar sin problemas.

¿Qué opinan los compinches?

Jarlicuin: “No sé por dónde cogerlo”. Puntuación – 2,5

Bicicle man: “Debajo de la gelatina, encontré un costillar”. Puntuación – 3,5

Kata Kimura: “No sé explicar la ensalada” Puntuación – 3

Lectora Mágica: “Muy rico, sobre todo las palomitas. Las patatas un pelín sositas.” Puntuación – 7

Mariposa: “El pollito me ha gustado. Lo que menos me ha gustado, las patatas.” Puntuación – 7,5

Tipo de comida: Americana – Española.

Dónde: Calle Quero, 35

Teléfono: 917 19 44 43

Web: No tiene. Admite pedidos a domicilio a través de empresas especializadas.

Precio medio: 20 €

Terraza: Sí.

Valoración personal: 3,5/10

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