9 de febrero de 2023

La tapita del bacalao. Una opción diferente.

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Mi madre siempre me dice que, cuando ella era niña, el bacalao era comida de pobres. Hoy en día es casi un producto de lujo. No es de extrañar que, hasta la fecha, no hubiera en el barrio un restaurante especializado en este manjar.

Hoy visitamos La Tapita del Bacalao, en pleno corazón de Aluche. Un local con una ubicación envidiable pero que no termina de tener suerte a tenor de la cantidad de negocios que lo han regentado en los últimos años. Esperemos que los actuales inquilinos tengan más suerte.

Decidimos comer ahí con unas expectativas realmente bajas por dos motivos: el primero de ellos, la ya comentada mala suerte del local en la última década. El segundo, la inmensa terraza en la que siempre hay un gran número de mesas libres. Este tipo de prejuicios en los clientes son de lo más natural del mundo y únicamente existe una forma de librarse de ellos, que no es otra que probar y después opinar.

Una vez escogimos mesa y nos acomodamos, apareció de forma muy rápida la camarera, que se presentó con su nombre y nos dijo que no dudásemos en llamarla para cualquier cosa que necesitásemos. Es un detalle presentarse de esta manera, pues hace la interacción más cercana e incluso familiar.

Consulté los tipos de cervezas que nos podía ofrecer y la respuesta fue escueta: Mahou de tercio, de barril y sin alcohol. Ante la avalancha de posibilidades, me decanté por “la más fría que tengas”. Al momento nos sirvieron nuestras bebidas y me tocó un tercio fresquito sin más, casi diría que tirando a calentorro. Un fallo importante que solucioné pasándome a la cerveza de barril en la siguiente consumición.

Armados de nuestro teléfono móvil, consultamos la carta con el código QR que tenían en la mesa. Carnes a la parrilla, ensaladas, bocadillos, raciones de todo tipo… y por supuesto, el bacalao. Afortunadamente teníamos claro que queríamos comer el plato estrella y que da nombre al local, porque lo cierto es que la carta es de una extensión abrumadora.

Nos decantamos por unos buñuelos, una tajada de bacalao y unos chipirones a la parrilla que nos recomendaron como producto fresco del día.

Por último, pedí un plato sorpresa. Esto es una idea que un buen amigo me propuso tras mi última visita a Fratelli. “Deberías pedir un plato sin saber lo que te van a servir. Algo que el cocinero considere que es su plato insignia o con el que más disfruta en su preparación”. Pues dicho y hecho. Así se lo trasladé a la camarera, con la condición de que el plato no llevase cebolla o pimiento, pues uno de mis acompañantes es absolutamente incapaz de comer un plato con esos ingredientes (lo que uno llega a aguantar por amistad…)

El servicio fue bastante rápido, sobre todo teniendo en cuenta que esta comida se disfrutó un sábado en torno a las 14:00.

Cabe decir que no se pusieron manteles en la mesa, algo que me parece que le resta mucha imagen a cualquier sitio. Dejar el pan o los cubiertos directamente sobre la mesa, no es lo más glamouroso ni lo más higiénico hoy día. Hay que poner más atención a esos detalles.

Lo primero en llegar fueron los buñuelos. Con un dorado muy atractivo, me decepcionó ligeramente que estuvieran preparados a base de una masa de patata en lugar de harina, levadura y agua. A su favor, que estaban fritos en un aceite limpio que respetaba perfectamente el sabor del producto. Un plato bastante correcto.

Acto seguido nos sirvieron los chipirones. Un gran acierto haberlos pedido, porque, efectivamente, se trataba de un producto fresco, tierno y bien preparado. Acompañado de un poco de alioli y ensalada, es una opción más que recomendable.

Enseguida apareció la tajada de bacalao. Un tamaño correcto, un buen dorado y un aceite limpio al igual que los buñuelos. Por desgracia, aunque el punto de sal era perfecto, la tajada no había “esponjado” lo suficiente ni sus lascas se separaban con facilidad. Una pieza fibrosa y algo seca, bien en sabor, mal en textura.

Aprovecho para hablar de la ensalada de guarnición que hasta el momento acompañó a todos los platos. Suele ser un recurso que da color a la mesa y que, normalmente, nadie se come. Pues bien, es de agradecer que el tomate que utilizaron era de la variedad “azul” y tanto su aspecto como su sabor eran excelentes. Ni que decir tiene que no quedó nada en los platos. Estupendo detalle.

El momento del plato sorpresa había llegado. Bacalao a bras, también conocido como bacalao dorado. Bien presentado en un abundante plato con sus aceitunas negras, es sin duda lo mejor de la carta.

Está bien ejecutado, con un perfecto equilibrio de patata, huevo y bacalao. Jugoso y en su punto de sal. Además, es un plato que se elabora al momento y lo hicieron teniendo en cuenta nuestro requisito principal: eliminar la cebolla de la receta. Absolutamente recomendable.

Una vez dimos buena cuenta de toda la comida, fuimos tentados por los postres. Aquí no encontramos tanta variedad como en el resto de la carta. Tarta helada, tarta de Santiago y puding, fueron las opciones, de las que se nos dijo que las dos últimas eran caseras. ¡Una de cada para compartir, por favor!

Debo decir que los postres son totalmente prescindibles. No es que estuvieran mal, pero tampoco eran nada destacable. Un puding normalito y una tarta de Santiago que, pese a decirnos que era casera, nos dejó a todos con la sensación de ser industrial y seca.

Llegados a este punto, las cervezas, la compañía y el sol, habían hecho perfectamente su trabajo, por lo que olvidé tomar imágenes de los postres y el ticket. Mis disculpas. Trataré de estar más atento en futuras ocasiones porque sé que son cosas que gusta ver.

Una cuenta final de 94 euros, habiendo consumido 12 cervezas y 4 cafés, nos da un precio medio por persona bastante asequible.

Como ya dije al principio, las expectativas eran casi nulas. Mi sensación final es que es un local al que hay que darle como mínimo una oportunidad. Es verdad que tiene detalles que pulir e incluso platos que, a mi modo de ver, no merecen la pena, pero lo cierto es que tiene virtudes y es una opción diferente a tener en cuenta en el barrio.

Tipo de comida: Española y portuguesa.

Dónde: Calle Quero, 3

Teléfono: 685901346 – 665963187

Precio medio: 15 – 17 €

Terraza:

Valoración personal: 6/10

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4 thoughts on “La tapita del bacalao. Una opción diferente.

  1. pues muy buena reseña y con descripciones entendibles y practicas. Me alegro de tu iniciativa y espero poder leerte en mas ocasiones, para cuando estamos indecisos de donde ir a picar algo.
    Saludos y suerte.

  2. Me gusta mucho la iniciativa que has tenido para poder disfrutar de nuestro Aluche. Muy buena la reseña sobre La Tapita del Bacalao, muchas gracias.
    Mucha suerte con la página.

  3. Buen post. Una descripción muy práctica y fiel de lo que se encontrará quien vaya a comer a la Tapita del Bacalao. Enhorabuena por tu iniciativa. Estaré pendiente de tus publicaciones.

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