9 de febrero de 2023

Passaparola. Sabor italiano en la calle Illescas.

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Los alucheros que ya hemos llegado a «la mediana edad», vivimos nuestra época de juventud en los bares de lo que llamábamos «la ele» de Aluche, o lo que es lo mismo, la zona de bares de copas que abarcaba el cruce de la calle Illescas con Yébenes.
Entre finales de los 90 y buena parte de la primera década de los 2000, estas calles eran un verdadero hervidero de juventud que daba rienda suelta a sus ganas de diversión, para desgracia de los pobres vecinos que tenían sus viviendas en el punto más caliente del barrio.
Yo mismo llegué a hacer mis pinitos como propietario de un bar de copas en uno de estos locales, que tuvo nulo éxito y una muy corta vida de apenas doce meses. Pese al fracaso, lo disfruté enormemente y son muchos los buenos recuerdos que tengo cada vez que vuelvo a pisar esas calles.


Y es precisamente al final de la calle Illescas donde me dirijo con mis nueve compinches para cenar en Passaparola, restaurante italiano que lleva un buen puñado de años dando de comer a los vecinos de Aluche.


Llegamos al local sin reserva previa, pues fue el recorrido del propio día el que nos guió y dio alas para, después de haber comido juntos, tomado café, copas y cervezas varias, decidir que la mejor manera de terminar nuestra reunión era con una cena.
Passaparola es un restaurante con un salón mediano, decorado con las típicas fotografías de artistas italianos y un mobiliario sencillo y cómodo. Dado que el local estaba vacío, nos sentamos en una larga mesa junto a la pequeña barra del establecimiento. Siempre viene bien que el recorrido entre la cerveza y nuestro gaznate, sea el más corto posible.


Ese día nuestra experiencia gastronómica en el turno de comida había sido bastante decepcionante y un tanto frugal, así que llegamos todos con hambre a la mesa. Miramos la carta de arriba a abajo y decidimos sacrificar el apartado de pastas y risottos, quizá demasiado formales para una cena, y pasamos a la acción con los antipasti y las siempre atractivas pizzas.


Comenzamos el ágape con un par de raciones de mozzarella in carrozza, unos buenos medallones de queso empanado y frito, acompañado de mermelada de arándanos. La presentación habría agradecido algún detalle más allá de poner la comida encima del plato, pero la verdad es que, servido a buena temperatura, con el queso aún fundente en el interior y el contraste dulce de la mermelada, es un entrante bastante apetecible.


A continuación pasamos a una de las recomendaciones del camarero, la melanzane Parma. Una buena fuente con láminas de berenjena, jamón y queso, a modo de lasaña, sobre una base de tomate frito de sabor y aspecto caseros y gratinada al horno. Contundente y delicioso a partes iguales.


Para finalizar el apartado de entrantes, unos crepes al funghi porcini. No sé qué tienen los nombres de los platos en italiano que siempre tienen una sonoridad y un atractivo especiales. El caso es que nos sirvieron unos crepes de champiñones cubiertos con una salsa a base de nata. Una vez más, la presentación deja mucho que desear, pero el resultado final es bueno en textura y sabor. Como pega, decir que en la carta se indica que el relleno es de champiñones y boletus, aunque estos últimos mi paladar fue incapaz de detectarlos.


Llegó la hora de las pizzas, de las que escogimos y probamos siete variedades distintas.
Todas ellas comparten la misma masa al estilo napolitano, relativamente fina y con un borde alto que para mi gusto tiene poco de crujiente y ligero. Las pizzas con base de tomate, tenían exactamente el mismo tipo que el que pudimos probar anteriormente con la melanzane, perfecto para este tipo de platos.


Igualmente, todas tenían una buena proporción entre masa, queso y resto de ingredientes, siendo prácticamente imposible dar un bocado sin notar todos los sabores.


Las mini compinches pudieron degustar la pizza prosciutto, muy sencilla a base de jamón y queso.
Los adultos probamos las restantes: La de rúcula, muy aplaudida por mis acompañantes. Mi favorita de la noche, la Saporita, con jamón, queso, champiñones y huevo crudo en el medio, que se cocina con el propio calor residual de la pizza y es un espectáculo en la boca. La Favolosa, bien cargada de mortadela italiana con trocitos de pistacho, francamente recomendable. La 4 Estaciones, para los amantes de las anchoas y las aceitunas negras, dos ingredientes que no están entre mis favoritos y que preferí saltarme. La Formagi, típica de mezcla de quesos que siempre resulta un acierto, salvo que no nos agraden los de tipo azul como el gorgonzola. Y por último la Tartufo Nero, muy decepcionante porque ni el aroma ni el sabor de la trufa estaban presentes.


Tengo que decir que, una vez que nos comimos las pizzas, comenté con el camarero lo que me había parecido la de trufa y me dijo, con toda la razón, que debí habérselo dicho nada más probarla y me habrían preparado otra de inmediato. Incluso así, se ofreció a servirnos otra pizza que rechazamos porque ya estábamos absolutamente llenos.


Al enterarse de que dos de mis queridos compinches estaban celebrando su aniversario de bodas, la casa tuvo el detalle de invitarnos al postre, un buen pedazo de tiramisú casero, alto, jugoso y muy rico.


La cuenta, acompañada de unos chupitos de limoncello, hizo un total de 178,70 euros a repartir entre los diez comensales.


Passaparola nos deja una muy buena sensación final, siendo un lugar realmente económico para calmar nuestro hambre, con una buena calidad de producto y un estupendo servicio en la sala. Espero volver en un futuro para probar las pastas y carnes, de las cuales me han llegado comentarios positivos por parte de mis allegados.

Tipo de comida: Italiana.

Dónde: Calle de Illescas, 98

Teléfono: 917196786

Web: https://trattoriapassaparola.com/

Precio medio: 15 €

Terraza: No.

Valoración: 6/10

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