27 de noviembre de 2022

Taberna Rama. El valor de la comida casera.

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Ahora que la pandemia parece estar llegando a su fin (crucemos los dedos), podemos hacer balance de lo que nos ha dejado. Aparte de todo lo negativo, que ha sido muchísimo y en algunos casos irreparable, vemos como se ha modificado nuestro comportamiento como consumidores. Prácticamente todo el sector de la restauración tuvo que dar una vuelta de tuerca a su línea de negocio y empezar a incluir en sus servicios la venta de comida a domicilio o lista para que la recojamos directamente y la consumamos en la comodidad de nuestro hogar.

A partir de este momento, quizá sea más común ver nacer en nuestro barrio restaurantes con mínimos espacios para consumir sus platos y más orientados al «take away». Pero como nada es perfecto, este sistema tiene sus ventajas e inconvenientes.

Precisamente este modelo de negocio es el que está llevando a cabo la Taberna Rama, un modesto local abierto hace apenas unos meses en las cercanías de la estación de metro de Empalme.

Su reducido espacio, con una minúscula cocina que está aprovechada al máximo, cuenta con una tradicional barra donde pueden trabajar como un bar tradicional, junto con una barra más pequeña a lo largo del local que hace las veces de mesa para poder comer de pie. En el exterior, una terraza de apenas tres mesas nos permite disfrutar de sus platos si el tiempo acompaña.

Había intentado en un par de ocasiones acercarme a Rama para comer en el interior, pero dado que mis compinches y yo solemos acudir en manada a los sitios, este no es un espacio idóneo para nuestras reseñas habituales. Por ese motivo, llamé al teléfono de contacto que localicé en internet y pregunté los platos que ofrecían en su carta para hacer un pedido con un día de antelación.

Me atendió su gerente y chef, Mario, de una forma muy amable y cercana, poniendo a mi disposición su número de Whatsapp para facilitar la comunicación. De esta forma me envió una foto de la carta y con toda la comodidad le pasé una lista de los platos que queríamos consumir mis seis compinches adultos, mis tres minicompinches y yo.

Acordé recoger la comida a una hora determinada y ahí que me presenté puntualmente para comprobar que casi la totalidad del pedido estaba lista para llevar, a excepción de lo que Mario consideró que era mejor dejar para el último momento, por ser productos que pueden perder frescura o textura si no se hace de esta manera. Un muy buen gesto que deja a las claras la importancia que se le da al detalle en su cocina.

Me llevé los platos perfectamente envasados en tuppers de plástico que nos cobran aparte, aunque dan la opción de llevar nuestros propios recipientes de casa para ahorrarnos ese gasto. Una vez reunidos los compinches, procedimos a emplatar y degustar.

Empezamos por unas patatas bravas a las que no les sentó nada bien el transporte a nivel de presentación, pues al sacarlas del envase quedaron de esta manera. Patata natural, con una salsa brava a base de pimentón extremadamente ligera, sin ápice de picante y con una buena cantidad de mayonesa que particularmente habría preferido eliminar o servir por separado. Correctas, aunque mejorables.

Seguimos con unos huevos de corral con chistorra, también en este caso con una patata natural. Los huevos, fritos en el último momento, con su puntilla y la yema cremosa, perfectos. La chistorra, frita en su propia grasa, muy suave y agradable.

Probamos también la oreja, que en la carta se ofrecía a la plancha, pero que a la hora de abrir el paquete comprobamos que estaba guisada en salsa. Una salsa melosa y gelatinosa, parecida a la de los callos, pero mucho más suave. La oreja, bien en su capa exterior, tierna y pegajosa, pero con el cartílago todavía bastante firme, habría agradecido unos cuantos minutos más de cocción.

Hablando de callos, también pedimos una ración para probarlos. Se sirven con garbanzos, que al igual que sucedió con la oreja, quedaron ligeramente resistentes a la mordida y habría sido conveniente que se quedaran un tiempo más en la olla. Los callos en sí, correctos, suaves y tiernos, con una agradable salsa espesa, pero faltos de sabor en general y con un muy ligero picante. Mi sensación es que se preparan sin chorizo o morcilla asturiana, que es lo que les suele dar ese golpe potente en boca que personalmente me gusta tanto.

No pude resistirme a llevar un pincho de tortilla que tenían expuesta en el mostrador de la taberna, pues su aspecto era francamente llamativo. Un bonito color dorado exterior y una evidente jugosidad que no defraudará a los tortilleros.

Tuvimos que probar también la ensalada con queso frito. Una buena mezcla de hojas de lechuga acompañadas con algo de lombarda, tomate y las porciones de queso rebozado. Otro plato muy correcto.

Los minicompinches dieron buena cuenta de unas milanesas finamente rebozadas y acompañadas de patatas y pimientos de padrón que los comensales prefirieron dejar de lado. El filete, muy delgado y crujiente, estaba perfecto. Por poner una pega, ya venía hecho tiritas en el envase, lo que facilita que se reseque si no se va a consumir en el acto. Sería preferible dejarlo entero o a la mitad cuando se pide para llevar.

Probamos también la ensaladilla rusa, servida en generosa ración. Una ensaladilla neutra, sin nada que destacar para bien ni para mal, con una guarnición de pimientos rojos asados de forma casera, que no aparecen en la foto por no ofender a uno de mis compinches, enemigo desde la infancia de este delicioso alimento. La ventresca que acompaña, de un importante tamaño en sus lascas, no es de mala calidad, pero poco fina al paladar.

No podíamos dejar pasar las croquetas de jamón, también caseras. Superiores a la media de lo que nos acostumbran los restaurantes, no son de una forma muy estética, pero cumplen sobradamente en su cremosidad y sabor. Muy recomendables.

Para finalizar en el apartado de platos principales, lo que para mí es sin duda la estrella de Rama: las carrilleras al vino tinto. Muy tiernas, con una salsa muy trabajada, brillante y profunda, que te obliga a mojar pan en el plato hasta que casi no es necesario ni meterlo al lavavajillas. Sobresaliente.

El dulce final consistió en una tarta de queso con salsa de frutos rojos, al estilo americano con base de galleta y una cremosidad media. Dulce pero sin empalagar, es una muy buena opción.

Mención aparte merece el brownie de chocolate, que por desgracia llegó con el helado totalmente derretido en el envase, pero que tiene un sabor potente a chocolate y es bastante jugoso a pesar del aspecto compacto que tenía el corte. Los trozos de nuez, obligatorios en un brownie, se dejan notar y dan el contraste crujiente perfecto al bocado.

El precio de todo, 146,70 euros, nos da un precio medio de unos 17 euros por persona, aunque cabe recordar que siempre pedimos un par de raciones más de lo necesario por motivos de «degustación».

Como conclusión final, me he llevado una grata sorpresa con lo que nos ofrece la Taberna Rama, un sitio a tener muy en cuenta a la hora de comer platos caseros y de calidad en nuestro domicilio, sin olvidar la posibilidad de disfrutarlos en el propio local en un número reducido de personas. La atención de Mario, impecable, dando todo tipo de facilidades a la hora de comunicarse, tomar nota del pedido y tratar de que todo estuviera lo mejor posible a la hora de la recogida.

Tipo de comida: Española.

Dónde: Calle Tembleque, 95

Teléfono: 914945475

Web: https://ramabar.es/

Precio medio: 17 €

Terraza: Sí.

Valoración: 7.5/10

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